
- ¡Despierta!
La voz de mamá sonaba a lo lejos. Hace a penas unos segundos soñaba que me encontraba en un lugar mágico, lleno de hadas y unicornios.
-¡Levántate ya, Arthur!
Abrí los ojos con lentitud y pereza. Y sí, ahí estaba la cara de mamá, enfadada como siempre,mirándome con el ceño fruncido.
-¡Levantate, conejo, o por tu culpa llegaremos tarde!
Ahora la voz rasposa de Scott, uno de mis hermanos mayores, me hacía despertar por completo.
-Ya voy...ya voy... -reclamé. No quería levantarme, el sueño aún me dominaba, pero no me quedó otra opción cuando Scott se lanzó sobre mi cama aplastando mis piernas. Le quité de un empujón mientras él me mostraba el dedo del medio a espaldas de mamá.
Luego de decir unas cuantas palabrotas para Scott, bostecé profundamente y restregué mis ojos mientras poco a poco me iba incorporando de la cama. Podía notar que afuera hacía un lindo y agradable día, de los últimos del verano.
Mire la hora, eran las 10 de la mañana del 1 de septiembre.
Mamá y Scott ya habían salido de mi habitación y podía escuchar el ajetreo en el primer piso de la casa. Todos los años era lo mismo; mi familia completa se alborotaba para arreglar las cosas, a última hora, antes de tomar el expreso a Hogwarts...
Wait... ¡HOGWARTS! ¡Maldición! ,pensé. Llevaban semanas hablando de eso, cómo había podido olvidarlo.
Me tiré de golpe al suelo, provocando un ruido seco en el piso de madera alfombrado. Hoy era el primer día de clases y mi primer día en el colegio de Magia y Hechicería.
Desde que tenía memoria sabía que algún día entraría a Hogwarts. Mi madre y mi padre habían sido alumnos de ese lugar y mis hermanos habían seguido los mismos pasos también. Ahora era mi turno, cosa que a penas me entusiasmaba.
Me vestí lo mas rápidamente posible antes de que mamá volviese a molestar y bajé las escaleras casi corriendo.
-Hasta que apareciste, enano -se burló Scott, mientras empujaba en mi boca un pequeño scone del desayuno y salía por la puerta de entrada arrastrando un pesado baúl.
Le seguí hasta afuera mientras iba masticando lentamente el scone. Todas las cosas ya estaban acomodadas en un automóvil muggle, todo, incluso mi propio baúl con mis pertenencias y una jaula con una lechuza que había comprado el día anterior en el Callejón Diagon.
Suponía que a estas horas,por lo menos la mitad de mis futuros compañeros estarían con la emoción a flor de piel por entrar en el colegio. Pero para mi era diferente. Sencillamente no quería ir.
Entrar a Hogwarts significaba ver a todos mis hermanos y tener que soportar sus burlas y bromas frente al alumnado completo. Ya era suficiente con aguantarlos en casa durante todas las vacaciones.
Para cuando terminé de comer mi scone ya estaba dentro del automóvil muggle, perfectamente acomodado en el asiento trasero, junto a todos mis hermanos. Por un momento pensé en lo increíble que eran los automóviles muggles y como solucionaban las cosas sin magia.
El viaje se hizo mas larguísimo que cualquier otro viaje en mis cortos 11 años. Liam y Scott se las arreglaron para molestarme todo el camino y decirme que seguramente el primer día me expulsarían del colegio, que no tendría amigos y que me arrepentiría si quedaba en Hufflepuff. La verdad poco me importaba quedar en esa casa si no tenía que verle la cara a ninguno de ellos, sería una bendición.
Al llegar a la estación de King Kross, me fije en varios chicos que transportaban todo tipo de carritos con sus baúles. Por un momento me pregunté si los muggles no notarían la presencia de un montón de magos cargando lechuzas por aquí y por allá. Vaya que debían ser ciegos...
Mi familia caminó en dirección a las plataformas 9 y 10. Ya había visto a cada uno de mis hermanos partir cada año, por lo que esto no me llamó la atención en absoluto. Sabía que tendría que atravesar una pared de piedra, completamente sólida para lograr tomar el tren, al otro lado. Jamás había visto al expreso de Hogwarts, así que le imaginaba como cualquier estúpido tren, tirando humo y esas estupideces.
Liam, Scott y Oliver pasaron por el andén, seguido de mi padre y mi madre. Bufé molesto. La verdad había esperado un poco mas de atención por parte de ellos por ser mi primer día de colegio.
Suspiré y con un poco de nerviosismo me dispuse a empujar al carrito. Di la última mirada al rededor cerciorándome que nadie estuviese pendiente de mi y tomé el suficiente impulso hasta sentir el miedo de chocar contra la muralla. Corrí y corrí esperando toparme de golpe con la pared, pero el choque nunca llegó y en segundos encontré que ante mis ojos se desplegaba una enorme locomotora roja a vapor.
Ahora estaba en el anden 9 3/4, frente al Expreso de Hogwarts, al lado de el tren que me llevaría al colegio y por primera vez, sin poder evitarlo, una sonrisa enorme se dibujó en mi cara.
Justo en ese momento mamá se acercó a mi y colocó una de sus manos sobre mi hombro.
- Espero que me des alguna alegría este año, Arthur - dijo sonriente. Seguramente esperaba algún logro de mi parte. Todos mis hermanos habían sido excelentes estudiantes, incluso Liam se las había arreglado para que le nombraran prefecto y Oliver había conseguido el Premio Anual.
Hasta Scott, siendo un bueno para nada, se ganaba las felicitaciones de mamá por sus buenas calificaciones.
Mi felicidad se apagó y caminé hacia la subida del tren sin responderle nada. Ella y yo nunca habíamos logrado tener una buena conversación así que supuse que no le afectaría en nada el que no me despidiera.
A medida que avanzaba, comencé a notar que el lugar estaba lleno de padres e hijos que se abrazaban unos a otros y se deseaban la mejor de las suertes.
Habían algunos con cara de asombro, muggles seguramente, que aún no superaban el trauma del paso por la pared de piedra y comentaban lo grandioso que era todo.
- Espero que quedes en la mejor casa del colegio... - de pronto la voz dulce de una mujer me hizo voltear a la dirección contraria. Había hablado tan claro y fuerte que por un momento pensé que me estaba hablando a mi. Pero no era así; la voz pertenecía a una mujer alta y delgada, que le hablaba con mucha dulzura a un chico rubio, un poco mas alto que yo y con un mechón rubio que parecía tener problemas serios con la gravedad.
El chico le sonreía y respondía alegremente, de seguro era su hijo.Reconocí inmediatamente el acento americano. Así que también eran extranjeros.
Me quedé un rato mirándoles hasta que un pitido del tren, que anunciaba su marcha, me hizo sobresaltar y subir de golpe por la puerta.
El chico se despidió de su madre y en un momento se dirigía hasta donde estaba yo.
Continué mi camino para dejarle entrar y luego de verle pasar sonriente por mi lado,mi atención se concentró en buscar un vagón vacío, lejos de mis hermanos.
Caminé por los pasillos hasta que encontré uno. Acomodé mis cosas y me senté justo al lado de la ventanilla. A lo lejos veía a mamá abrazando con rapidez y efusividad a Liam y un pequeño sentimiento de celos se apoderó de mi hasta el punto de querer llorar.
Estaba a punto de soltar las lágrimas cuando la puerta del compartimento se abrió de golpe. Me sobresalté intentando contener mi llanto y me topé con unos ojos que me miraban con expresión divertida y preocupada...
[OUT: asdasd ya, algo fome para ser el primer post ;3; pero bue... Pobre Arthur ;o; !! ¿Quién abriría la puerta? ¿Será Alfred u otra persona? Veamos quién decide Luz que sea ;D !!! ]
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